Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc...
No es conveniente hurgar en los rincones donde la historia ha decidido dejar huellas cubiertas apenas por un polvo antiguo—más antiguo que las sombras mismas de la Edad Media. En la gran ciudad de Providence, cuando el invierno se abalanza con sus...
Desde mi retiro forzado en la brumosa región de Kingsport, obligado por las circunstancias a una vida de casi monástica introspección, puedo al fin poner en palabras –aunque aún temo lo que un mero aliento pueda despertar– los horrores acaeci...
Los trenes no circulan hacía el norte desde hace tres inviernos. Sin embargo, Teodoro había recibido la carta; una cosa pesada con tinta demasiado fresca, emitida desde la biblioteca de Celaeno, el nombre ininteligible al inicio, gemas en la cera y...
Hoy, tras innumerables semanas de infructuosos esfuerzos y desalientos, he dado con la razón última y anhelada de mis laboriosos estudios en la rama más oscura y silente de las ciencias arcanas. Hablo, aunque mi pluma titubee, de la presencia y es...
Secunda medianoche. La luna, una garra sepulcral en el cielo, baña con luz mortecina la orilla empedrada del Vistula. La bruma es tan espesa que parece respirar, y, por momentos, tengo la impresión de caminar junto a una criatura etérea cuyos dedo...
Las sombras de la vieja Europa se extienden como vendas raídas, tapando los ojos y aturdiendo el alma de los incautos. En París, donde los tejados de pizarra cortan el cielo como cuchillas y donde las piedras contienen la memoria de siglos de sangr...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía...
En la trastienda de la librería Lester, oculta entre paneles cuarteados y estanterías de madera carcomida, había un cuarto que el propietario nunca mostraba a sus clientes. Era una habitación cuadrada, con una sola lámpara colgante, que apenas ...
Cuando Claire encontró el cuaderno —tapadura azul, sin título en el lomo, páginas resecas y cruelmente vellosas— estaba convencida de que nadie había vivido allí desde hacía años. Y sin embargo, en la mesa del estudio, entre espejos cubie...
Delante de mí, desde el primer promontorio de la costa que se hundía en niebla violeta y salmastrada, brillaba Celaeno como un iris anciano, extraviado entre esferas salvajes y constelaciones incurvadas. Yo había llegado a esa luna en busca de me...
En el confín de la desembocadura eterna del río Anarkost, allí donde los árboles de Gnarllé son gruesos como ancianos reunidos en consejo, se alza la villa de Veldrith, hace tiempo corrompida por el sopor y las nieblas húmedas. No se atreven m...
La noche descendía sobre la vieja ciudad de Altdorf con el peso opresivo de una manta tejida por manos invisibles. La niebla, rebelde incluso a la luz de los faroles aceitados, reptaba entre los adoquines y se enroscaba en torno a los pilares romá...
El invierno —ese parásito insidioso de huesos y espíritu— había colonizado Antoniais, un villorrio francés que se aferraba indolente a las últimas rampas de los Montes Vosgos. La nieve caía sin tregua, una mortaja cerrada sobre patios y te...
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La luz grisácea que se filtra en la celda apenas roza el cuaderno, sucio y tembloroso en mis manos. No sé si sellar estas palabras será mi salvación o la condena final de mi razón, si acaso queda algo de ella. Pero sé que alguien debe sab...
Cuando Shesamath despertó aquella noche sacudida por vientos gélidos y voces apagadas, supo, con un escalofrío que le reptó por la columna, que su vigilia sería la última. Su habitación, localizada en la cara este de la Biblioteca Cerúlea de...
La luna llena bañaba el jardín de mi abuelo en una luz mortecina, y yo, recién retornado al caserón familiar tras veinte años de autoexilio, me senté en la terraza de losas húmedas, contemplando los cicadáceos que rodeaban la vieja edificaci...
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La sala de la subasta estaba débilmente iluminada, como si la penumbra se apretara voluntariamente en torno al reducido círculo de asistentes. Era una noche burbujeante de lluvia dura y caótica, y el tintineo de las gotas sobre los ventanale...
Ha habido siempre, en los estratos bruñidos del tiempo, un tipo de objetos de aspecto inofensivo destinados no a los niños, ni siquiera a la pléyade más curiosa de adolescentes, sino directamente a la inquietud inmemorial de los adultos. Son, po...
La tienda apareció una mañana, donde siempre había estado la frutería, entre la papelería y la ferretería en la Calle de las Nieblas. La fachada era opaca y nada llamativa, cubierta con un vinilo gris mate que absorbía la luz, anunciando apen...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Las sombras de la vieja Europa se extienden como vendas raídas, tapando los ojos y aturdiendo el alma de los incautos. En París, donde los tejados de pizarra cortan el cielo como cuchillas y donde las piedras contienen la memoria de siglos de sangr Leer más...
Secunda medianoche. La luna, una garra sepulcral en el cielo, baña con luz mortecina la orilla empedrada del Vistula. La bruma es tan espesa que parece respirar, y, por momentos, tengo la impresión de caminar junto a una criatura etérea cuyos dedo Leer más...
Hoy, tras innumerables semanas de infructuosos esfuerzos y desalientos, he dado con la razón última y anhelada de mis laboriosos estudios en la rama más oscura y silente de las ciencias arcanas. Hablo, aunque mi pluma titubee, de la presencia y es Leer más...
Los trenes no circulan hacía el norte desde hace tres inviernos. Sin embargo, Teodoro había recibido la carta; una cosa pesada con tinta demasiado fresca, emitida desde la biblioteca de Celaeno, el nombre ininteligible al inicio, gemas en la cera y Leer más...
Desde mi retiro forzado en la brumosa región de Kingsport, obligado por las circunstancias a una vida de casi monástica introspección, puedo al fin poner en palabras –aunque aún temo lo que un mero aliento pueda despertar– los horrores acaeci Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...