Había noches en Arkham en las que el silbido del viento traía consigo lamentos desconocidos a través de las rendijas de la lúgubre biblioteca Miskatónica. Como viejos libros, las palabras perdidas flotaban sobre el vaho persistente de las ribera...
Estoy seguro de que no existen pesadillas tan atrapadas en la mente como aquellas que nos llegan a través de los cielos abisales, cargadas de una negrura que ni siquiera la muerte puede prometer. Puede que lo que voy a relatar haya ocurrido, o pued...
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Han pasado los siglos como un cometa enfermizo desde mis primeras lecturas de los saberes prohibidos, y las cicatrices del saber continúan ardiendo en mi carne. A aquellos que les apetece la luz de libros ortodoxos y doctrinas santificadas, la...
Dije que me había propuesto no volver a frecuentar la región más oscura de mis sueños y, aun así, ¿acaso mis propósitos valen más que el canto de los gusanos en cuanto las estrellas comienzan a menearse inquietas en el firmamento de mediana ...
Capítulo 6: El último vestigio de Luz Oscura
UNO.
No existe el despertar, sólo la sucesión de habitaciones concéntricas, cada una más inhóspita para la mente humana que la anterior. La conciencia de Samuel Herrick se abre en mil umbrales: re...
Capítulo 5: El portal de la Memoria Fragmentada
UNO. UMBRALES ENTRE REALIDADES
No hay comienzo, sólo una hilera de transiciones—filamentos mentales emergiendo, desenredándose y reanudando conexiones en la penumbra coral de la conciencia Mi-Go...
Capítulo 4: Los Mi-Go y la simbiosis forzada
Uno.
No hubo transición. El fin de la biblioteca no fue salida ni epifanía, sino la sensación de haberse fundido con una vastedad de conciencia ajena a cualquier lógica humana. Herrick no recordaba ...
Capítulo 3: La Biblioteca de la Mirada Infinita
La entrada a la biblioteca fue un descenso y una ascensión simultáneos: la topografía de Yuggoth carecía de coherencia, y todo espacio transgredía las nociones terráqueas de dentro o fuera. Los ...
Capítulo 2: Ecos en la Calarina de Cristal
Durante las primeras horas tras el asentamiento, el Polo Negro desplegó su dominio en los cuerpos y las psiques de los expedicionarios. El aire, si podía llamarse así a aquel fluido helado que vibraba d...
Capítulo 1: La llegada al Polo Negro
Año 1927, a las afueras de Arkham, Nueva Inglaterra. La niebla de una madrugada perpetuamente húmeda y gris se espesaba bajo los ventanales cerrados del observatorio Lowell, confiriendo al edificio una atmósf...
Hay noches —noches raras, bárbaras, invertidas— en las que los ojos se niegan a cerrarse cuando la conciencia lo exige. Noches enormes, trizadas de ecos y zumos de pesadilla; noches que parecen recordar algo, casi como si una mente, o muchas, d...
La noche en la que Gresham Benton llegó a Yuggoth, el planeta se elevaba sobre su eje de hielo, proyectando sombras agónicas sobre las ciudades hinchadas de los Mi-Go. Eran pozos recovecudos y húmedos, en cuya negrura la lógica humana naufragaba...
El frío era más profundo que el hielo. Daba la impresión de formar parte de la misma sustancia de Yuggoth, el planeta bastardo que algunos en la Tierra llamaban Plutón y otros, menos afortunados, preferían no nombrar en absoluto. Yo aún recuer...
El vapor caía denso en la noche más allá del observatorio de Valle Sanctum, donde las noches de invierno parecían tragarse la escasa luz que el hombre se obstinaba en arrojarle a un cosmos que nunca respondía. Daniel Mercer, ingeniero eléctric...
Las brumas perpetuas de Yuggoth no albergan secretos amables para mente alguna cuya conciencia haya bebido tan sólo una gota de sustancias terrenales. De todas las sendas que conducen a parajes insalubres y baldíos más allá de la esfera azul per...
Nunca he sabido exactamente cuándo comenzó mi obsesión, y sin embargo, hay noches en que incluso el recuerdo de mi infancia parece saturado de las mismas sombras que, mucho más tarde, arruinaron para siempre las fronteras de mi mente. Quizás fu...
A quien pueda concernir, ojalá mis palabras no sean más que las balbuceantes cavilaciones de una mente desgastada por el insomnio y la desesperación, pues no pretendo que ni un alma sensata crea en la veracidad de los hechos que aquí transcribirà Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi conviccià Leer más...
No existe en Massachusetts paraje más innombrable y pernicioso que Dunwich. Así escapó llamar la atención de los cartógrafos y, durante el apogeo de la vida rural, incluso de algún viajero accidental. Mi llegada a Dunwich, empujado por la curio Leer más...
Hay una perversión ancestral en la curva de la costa, en cómo la niebla se desliza hacia el pueblo y lame con dedos fríos los ventanales velludos de algas y las farolas varadas de salitre. Pido disculpas por la digresión, pero es importante enten Leer más...
Kadath se alza sosegada ante la noche perpetua, tan quieta como una criatura que sueña. Cuando la luna doble surge, tras las torres ensortijadas como garras de un monstruo antediluviano, la ciudad escupe sombras líquidas y niebla densa desde la ven Leer más...
La niebla nació temprano ese jueves, engullendo Kingsport bajo su manto blanco y frío. El Atlántico rugía al otro lado de la bahía, pero el sonido se acuchillaba contra el muro, y la ciudad solo podía escuchar el retumbar amortiguado. Así habà Leer más...
Era al oeste de todos los mapas, en la vasta y desolada planicie de Leng, donde la soledad y el silbido del viento componían una música que sólo podía surgir del mundo anterior al recuerdo de los hombres. Durante edades innombrables, los dioses y Leer más...
1. El Despertar del Ahogado.
En los estertores finales de un febril verano, viajé hacia el suroeste del Pacífico bajo un pretexto académico —quizá despreciable a ojos de mis pares— sobre las migraciones polinesias en islas desaparecidas. No Leer más...