A la entrada del invierno, cuando las noches se alargan tanto que solo la memoria les resiste, Horacio Lornat llegó en un tren de mercancÃas que no registraba ningún horario y cuyos vagones, añosos y resquebrajados, iban atestados de sombrÃas y...
En noches tapiadas de tormenta, cuando el trueno parece ser un antiguo lamento y la lluvia produce sonidos semejantes a antiguos murmullos, Horacio Mallard se encuentra en su despacho, obsesivamente revisando cartas y cuadernos polvorientos. Tras aÃ...
La tarde parecÃa empapada en una neblina que brotaba, no de las aguas del rÃo, sino del aire mismo, como si el mundo exhalara su último suspiro. HabÃa recorrido tres pueblos y dos comarcas para llegar a Khalast, una aldea irreal posada sobre fio...
Bien pude creer durante buena parte de mi existencia —tibia, acotada, revestida de la racionalidad tÃpica de los studiosos de las ciencias— que la razón bastaba como muralla entre el alma y el ululante abismo que acecha fuera del velo de lo co...
El aire estaba impregnado de una humedad viscosa, y el hedor de la Turbera de Vilect se filtraba hasta los últimos poros de mi piel, un hedor que sabÃa bien mi padre, obsesionado con las tierras hundidas como sólo los frailes de la Orden Bramante...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
En las más antiguas entrañas de la necrópolis, allà donde las aguas rancias del pantano devoran todo vestigio de sol, existÃan pasajes y cámaras cuya existencia susurraban sólo a medias los archivistas más corrompidos de la ciudad. El cement Leer más...
La mayorÃa de los que se interesan con verdadera devoción por la arqueologÃa nocturna saben cuándo retirarse. Algunos lugares, especialmente en ciudades tan antiguas como Nueva York—cuyo subsuelo está picado por criptas, túneles de servicio Leer más...
HabÃa algo en la nieve que ElÃas Cartwright odiaba: no era el frÃo, ni el incómodo crujir bajo sus botas, ni siquiera el silencio; era el modo en que tanta blancura podÃa ocultar podredumbre. La noche, nada más bajar del tren en Brattleboro, e Leer más...
TenÃa la impresión, siempre hacia el fin de la noche, de que la ciudad entera retrocedÃa de la costa, de que sus cimientos se encogÃan bajo la presión, no del agua sino de las cosas que la habitaban; seres inmemoriales de los que los pescadores Leer más...