Debajo de la ciudad, el olor no era únicamente a podrido. Marian intentaba no pensar mucho en ello mientras apretaba la linterna contra el pecho y observaba que el haz polvoriento ni siquiera rozaba el techo del túnel. Había humedad, sudor rancio ...
En las más antiguas entrañas de la necrópolis, allí donde las aguas rancias del pantano devoran todo vestigio de sol, existían pasajes y cámaras cuya existencia susurraban sólo a medias los archivistas más corrompidos de la ciudad. El cement...
Siempre había rehuido los caminos tras la medianoche. La ciudad misma parecía aletargada, opaca, presa de una disolución imperceptible que sólo las almas más sensibles llegaban a percibir en las hondas horas nocturnas. Pero la necesidad —esa ...
El viento de noviembre azotaba las callejuelas de Providence, levantando lonas raídas y haciendo temblar las persianas mal cerradas. El Dr. Arthur Mallory, hombre de sesenta y dos años, estudioso de las ciencias anatómicas y poco proclive a leyen...
Solo quedaba la linterna. Ese círculo de luz mortecina que bailaba sobre la piedra fragante de humedad y moho era la última frontera que separaba a Arnold Treviss de la negrura abismal del subsuelo. Y, sin embargo, él mismo, arrastrando las su...
Debo advertir, lector, que los recuerdos que encierro y despliego en las siguientes páginas pueden que no sean bienvenidos por el juicio racional, ni por los que pretenden mantener los velos luminosos del sentido común a salvo del acecho de otras ...
En la devastadora soledad de las primeras décadas del siglo XX, existen paisajes en la geografía humana que demasiado pronto son abandonados al olvido, traicionando la helada vigilia del pasado. Oakwood, un pueblo al oeste de Arkham, era exactamen...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Serían casi las dos de la madrugada cuando comencé a escribir esto, desde la desesperanza y el cansancio, convencido de que la catástrofe está cerca; tal vez, mientras mis manos aún obedezcan mi voluntad, pueda legar un testimonio útil, siquier Leer más...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
En las noches de junio, el lago Dormoth relucía con los reflejos de una niebla densa. Nadie en el pueblo de Virkia se acercaba a su orilla después del crepúsculo. Era la costumbre más antigua y sagrada, impuesta a raíz de crónicas que parecían Leer más...
Era costumbre de los habitantes de Arkham y sus alrededores contar historias a la luz de las velas cuando el viento nevado azotaba los cristales: relatos de formas inhumanas acechando en la espesura de los bosques oscuros, de perturbar ruidos nocturn Leer más...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las tierras de Leng yacen, ignoradas, en las pesadillas de la humanidad, un páramo revuelto de témpanos errantes y torres rotas, bajo una aurora inmóvil y perversa. Pero hay otra Leng, más profunda y cruel, confinada a los bordes de la conciencia Leer más...
Era en los días más sombríos del invierno neoyorquino cuando, desplazado y vencido por el frío y la miseria, acepté un encargo que ningún alma sensata habría contemplado siquiera entre delirios febriles. Había conocido a Charles W. Dunthorne, Leer más...