En las noches de junio, el lago Dormoth relucía con los reflejos de una niebla densa. Nadie en el pueblo de Virkia se acercaba a su orilla después del crepúsculo. Era la costumbre más antigua y sagrada, impuesta a raíz de crónicas que parecían...
La mayoría de los que se interesan con verdadera devoción por la arqueología nocturna saben cuándo retirarse. Algunos lugares, especialmente en ciudades tan antiguas como Nueva York—cuyo subsuelo está picado por criptas, túneles de servicio ...
El crepúsculo serpentearía como una sombra líquida sobre aquellas ruinas que ningún cartógrafo osaría señalar, y aún menos los supersticiosos nativos de la región del Tlalocan moderno, donde las aguas cenagosas del Golfo parecían abrazar c...
El camión de mudanzas avanzaba lento mientras afuera el sol se desleía sobre el asfalto. La familia Manzano miraba el paisaje pesaroso, casi letárgico, mientras se alejaban de la ciudad. Julia, la madre, era tan delgada que el cinturón de su blu...
En la opaca y marmórea quietud de mi oficina olvidada, apenas rasgada por el lamento de la lluvia, me encuentro compelido a transcribir, aunque horrorizado, el funesto episodio acaecido en la apartada comarca de Maduros, allá en la rugosa selva su...
En alguna recóndita ciudad costera del Perú, donde la niebla se arremolina al alba y los perros aúllan como si presintieran lo que se gesta bajo la piel del mundo, el antropólogo Jacob H. Brown encontró lo que, por muchos años, había soñad...
El silencio verde en el fondo
El descenso a Asarathal
No creo que ningún mortal pueda nunca comprender el horror de aquel viaje, ni relatar los sórdidos sucesos de la expedición Armitage-Vogel a las islas Remotas de la Polinesia Sur Occidenta...
En las postrimerías del otoño de 1926, llegué al pequeño y olvidado pueblo de Valladolid, situado en el último confín del sureste mexicano, acuciado por una doble urgencia: buscar las huellas de mi abuelo materno, sobre el que sólo había rum...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Serían casi las dos de la madrugada cuando comencé a escribir esto, desde la desesperanza y el cansancio, convencido de que la catástrofe está cerca; tal vez, mientras mis manos aún obedezcan mi voluntad, pueda legar un testimonio útil, siquier Leer más...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Debajo de la ciudad, el olor no era únicamente a podrido. Marian intentaba no pensar mucho en ello mientras apretaba la linterna contra el pecho y observaba que el haz polvoriento ni siquiera rozaba el techo del túnel. Había humedad, sudor rancio Leer más...
Era costumbre de los habitantes de Arkham y sus alrededores contar historias a la luz de las velas cuando el viento nevado azotaba los cristales: relatos de formas inhumanas acechando en la espesura de los bosques oscuros, de perturbar ruidos nocturn Leer más...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las tierras de Leng yacen, ignoradas, en las pesadillas de la humanidad, un páramo revuelto de témpanos errantes y torres rotas, bajo una aurora inmóvil y perversa. Pero hay otra Leng, más profunda y cruel, confinada a los bordes de la conciencia Leer más...
Era en los días más sombríos del invierno neoyorquino cuando, desplazado y vencido por el frío y la miseria, acepté un encargo que ningún alma sensata habría contemplado siquiera entre delirios febriles. Había conocido a Charles W. Dunthorne, Leer más...