Cuando me dispuse a transcribir los peculiares fragmentos obtenidos por el Dr. Ambrose White en las ruinas de Celaeno, jamás pensé que las palabras que mi pluma volcaba sobre el amarillento papel serían la última frontera entre la cordura y el a...
I
Recuerdo perfectamente la noche en que decidí adquirir el grimorio infame conocido como El Libro de Eibon, y aunque muchos eruditos han tachado mi búsqueda de la más ruin insensatez, aún insisto que fue mi afán de descubrir la verdad lo que ...
Cuando, en la melancolía de la primavera de 1925, recibí de mi tío Rupert la llave de la rectoría ancestral de Arkham, creí estar entre los redimidos de la peste moderna: la vida recobrada en provincias, lejos del hedor mecánico de Boston y su...
No fue por pasión filológica que me sumergí, en la melancolía afiebrada de París, en el estudio de aquellas ruinas moribundas del saber, sino por un impulso más sombrío y... dolorosamente humano. Escuché los nombres —Comte d’Erlette, el ...
Hubo una época, hace no mucho, en la que me sentí separado de los misterios de la vida. Como muchos de nosotros en la Edad de la Tecnología, vivía rodeado de una claridad taimada, de los grises y azules de mi pequeño apartamento, hasta que la c...
El Sillón de Ébano de Vaarthoth el Impío
Para aquellos estudiosos de lo arcano y lo prohibido, la mera mención de los Objetos para el Placer de los Antiguos resulta suficiente para helar la sangre en las venas más experimentadas. Muchos toman ...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Las sombras de la vieja Europa se extienden como vendas raídas, tapando los ojos y aturdiendo el alma de los incautos. En París, donde los tejados de pizarra cortan el cielo como cuchillas y donde las piedras contienen la memoria de siglos de sangr Leer más...
Secunda medianoche. La luna, una garra sepulcral en el cielo, baña con luz mortecina la orilla empedrada del Vistula. La bruma es tan espesa que parece respirar, y, por momentos, tengo la impresión de caminar junto a una criatura etérea cuyos dedo Leer más...
Hoy, tras innumerables semanas de infructuosos esfuerzos y desalientos, he dado con la razón última y anhelada de mis laboriosos estudios en la rama más oscura y silente de las ciencias arcanas. Hablo, aunque mi pluma titubee, de la presencia y es Leer más...
Los trenes no circulan hacía el norte desde hace tres inviernos. Sin embargo, Teodoro había recibido la carta; una cosa pesada con tinta demasiado fresca, emitida desde la biblioteca de Celaeno, el nombre ininteligible al inicio, gemas en la cera y Leer más...
Desde mi retiro forzado en la brumosa región de Kingsport, obligado por las circunstancias a una vida de casi monástica introspección, puedo al fin poner en palabras –aunque aún temo lo que un mero aliento pueda despertar– los horrores acaeci Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...