El sibilante aullido del viento acariciaba los glifos extendidos como llagas sobre la cripta, ocultando el hedor de la humedad corrupta y la promesa sorda de muerte. El bosque alrededor del camposanto de Blackwater era una sucesión interminable de ...
Hube de salir precipitadamente de la polvorienta biblioteca universitaria —una tarde de marzo, cuando la lluvia azotaba Arkham entre destellos de relámpagos— tras una llamada telefónica enigmática. El aroma metálico del papel húmedo me acom...
El viento soplaba con la insistencia húmeda del mar, trayendo consigo el retintinear de boyas lejanas y, mezclado con la sal en el aire, un sutil aroma a hierbas marchitas. Al atardecer, el pueblo de La Caleta, encajonado entre acantilados y laguna...
Me veo forzado, pues, a dar testimonio de una oscura verdad, cuyas ramificaciones acaso sobrevivan a mi frágil cordura; permitidme, al menos, la amargura del preludio antes de la caída. El atroz relato que —con tintas temblonas y titubeantes ded...
Jamás olvidaré aquella noche en la que la fina textura de la realidad se desgarró para mostrarme lo que el hombre no debe conocer, aunque, al escribir estas líneas, me asalte el temblor de manos y la náusea de quien ha mirado el abismo. Mi nomb...
No puedo olvidar aquella noche glacial en la que el miedo desbordó los límites de lo razonable, ni las visiones que, todavía hoy, arrastran mi sanidad a la deriva, como algas muertas devueltas por las olas a una playa ya desierta. El lector sabrÃ...
El implacable curso de los días me ha hecho dudar una y otra vez de la honestidad de mi memoria, pero sé con certeza que los sucesos que a continuación relataré no pueden haber sido el fruto de ensoñaciones febriles o de la perniciosa acción d...
La noche había descendido sobre Arkham con una lentitud enfermiza, como una avalancha suspendida a mitad de caída. El aire estaba denso; la habitual neblina amortiguaba los ruidos y multiplicaba los murmullos, convirtiendo cada sombra en una prome...
Mis recuerdos son fragmentos; pedazos sueltos, espectrales, de una experiencia que mi razón —en la larga y solitaria vigilia de mis noches— desearía borrar. Yo, Erich Wade, he de escribir estas líneas como aviso, confesión y quizá, como úl...
Había aprendido a auscultar los silencios desde mi niñez, siglo y medio atrás, desterrando a empellones el temor del hombre común por la quietud. Pero cuando “La Sociedad Esotérica de los Hermanos del Signo Amarillo” me invitó a su retiro ...
Han transcurrido largos años desde que el nombre de Amirah fue pronunciado entre los vivos. En la penumbra de mi estudio en Arkham, sólo la titilante luz de la lámpara a gas parecía prestarse a la confidencia de mis desvaríos. He decidido reuni...
En el borde de Kingsport, donde los acantilados se desgarran en abruptos colmillos sobre el Atlántico y la bruma se arrastra al anochecer como una serpiente sin fin, se encontraba la casucha olvidada de Obed Marsh. Reconstruída tras un curioso inc...
Hace ya diez años que el nombre de Blake Wilcott desapareció de la lipsa de aquellos que, acaso por amistad o simple corrección social, acostumbraban frecuentar su compañía. Incluso en Arkham –donde casi todo puede ser creído, y donde los re...
La noche se derramaba como una marea viscosa sobre la ciudad de Arkham, enlutando los tejados y retorciendo las calles entre vapores mustios de podredumbre y opresión. En la antigua misión, de piedra erosionada y vitrales que gemían con el viento...
La noche respiraba como un monstruo cansado sobre Innsmouth, húmeda y aromática, y a cada suspiro le seguían las notas saladas, casi enfermas, de las olas deslizando su lengua grisácea bajo el muelle podrido. Era tarde para gente decente, demasi...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
El invierno de 1927 se apoderó de Arkham con una rudeza inusitada, despojando de vida a las dolientes ramas y cerrando los párpados de la ciudad en una bruma precoz, interminable. Ni siquiera los adoquines conocieron alivio, cubiertos de musgo mohà Leer más...
El viento que vino del nordeste traía consigo un hedor que ni la mar, en los días de mayor rompimiento, había sido capaz de engendrar. Iba impregnando las viejas tablas de la casona de los Marsh, deslizándose con taimada insistencia por rendijas Leer más...
El relato empieza bajo el cielo plomizo de un otoño tardío en Spokane, cuando Arthur Singer recibió la carta lacrada con cera amarilla opaca—aquel tono entre el oro podrido y el mosto de vino barato, similar al sueño febril de un brujo moribund Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...