No puedo olvidar aquella noche glacial en la que el miedo desbordó los límites de lo razonable, ni las visiones que, todavía hoy, arrastran mi sanidad a la deriva, como algas muertas devueltas por las olas a una playa ya desierta. El lector sabr...
El implacable curso de los días me ha hecho dudar una y otra vez de la honestidad de mi memoria, pero sé con certeza que los sucesos que a continuación relataré no pueden haber sido el fruto de ensoñaciones febriles o de la perniciosa acción d...
La noche había descendido sobre Arkham con una lentitud enfermiza, como una avalancha suspendida a mitad de caída. El aire estaba denso; la habitual neblina amortiguaba los ruidos y multiplicaba los murmullos, convirtiendo cada sombra en una prome...
Mis recuerdos son fragmentos; pedazos sueltos, espectrales, de una experiencia que mi razón —en la larga y solitaria vigilia de mis noches— desearía borrar. Yo, Erich Wade, he de escribir estas líneas como aviso, confesión y quizá, como úl...
Había aprendido a auscultar los silencios desde mi niñez, siglo y medio atrás, desterrando a empellones el temor del hombre común por la quietud. Pero cuando “La Sociedad Esotérica de los Hermanos del Signo Amarillo” me invitó a su retiro ...
Han transcurrido largos años desde que el nombre de Amirah fue pronunciado entre los vivos. En la penumbra de mi estudio en Arkham, sólo la titilante luz de la lámpara a gas parecía prestarse a la confidencia de mis desvaríos. He decidido reuni...
En el borde de Kingsport, donde los acantilados se desgarran en abruptos colmillos sobre el Atlántico y la bruma se arrastra al anochecer como una serpiente sin fin, se encontraba la casucha olvidada de Obed Marsh. Reconstruída tras un curioso inc...
Hace ya diez años que el nombre de Blake Wilcott desapareció de la lipsa de aquellos que, acaso por amistad o simple corrección social, acostumbraban frecuentar su compañía. Incluso en Arkham –donde casi todo puede ser creído, y donde los re...
La noche se derramaba como una marea viscosa sobre la ciudad de Arkham, enlutando los tejados y retorciendo las calles entre vapores mustios de podredumbre y opresión. En la antigua misión, de piedra erosionada y vitrales que gemían con el viento...
La noche respiraba como un monstruo cansado sobre Innsmouth, húmeda y aromática, y a cada suspiro le seguían las notas saladas, casi enfermas, de las olas deslizando su lengua grisácea bajo el muelle podrido. Era tarde para gente decente, demasi...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...
Sucedió en el año en el que las tormentas de polvo cubrían media Hispania y la sequía arrancaba los nombres de las piedras en los mapas. Yo, Rafael Mur, llegaba desde la Universidad Central de Madrid, enviado por esa malsana curiosidad de la cie Leer más...
Eran cerca de las once de la noche cuando, titubeante y presa de una inmediata desconfianza, me detuve frente al umbral roído por el salitre. Aquella casona escondida entre los juncos y el barro del litoral de Kingsport, uno de esos engendros arqui Leer más...
Recuerdo haber creído, en mi juventud, que los ecos de la locura eran solo leyendas, supersticiones que la humanidad arrastraba como restos de edades oscuras. Recuerdo, también, la vez en que esa ilusión se rompió de manera irreparable, durante Leer más...
El puerto de Innsmouth jamás fue, ni mucho menos, un lugar al que regresar cuando la conciencia pesaba. Solo los que no tenían a dónde más ir volvían allí: aquellos cuyos nombres apenas pesaban más que el agua salina entre los muros podridos Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...