Presiento el alba tras la tormenta, aunque dudo que mis ojos alguna vez vuelvan a ver la luz. Lo que ocurre fuera de esta prisión tórrida y húmeda sigue desafiando toda lógica humana, pero me veo compelido a dejar aquí, en las páginas finales ...
Habían pasado quince años desde que Jonás Luel abandonó la biblioteca de la universidad de Durncombe, escondiendo en su gabán una edición apócrifa de los Manuscritos Pnakóticos. De noche, a la lumbre trémula de una lámpara de aceite, hojea...
La taberna de la Calle Erosionada estaba cubierta de una capa de polvo marino y grasa rancia. Cuando Bruno entró, notó el canto bajo del fondo: las viejas tonadas en una lengua que parecía hecha para ahogar y no hablar. La noche exterior era húm...
El padre Calorico llegó a San Emilio bajo la pesada lluvia, abriéndose paso con paso vacilante a través de un lodazal fragante a estiércol, agua estancada y helechos podridos. Venía convocado por la carta de su predecesor—a quien nadie había...
Nunca he creído en dioses. Fui criado en los sólidos cimientos de la razón, la única religión aceptable en mi círculo. Durante años, descompuse cuerpos en la morgue de Arkham, impasible antes sus últimos silencios, domesticando el miedo a lo...
Había algo antinatural en el aire de Krakensberg desde el tercer día de julio, cuando el calor húmedo se volvió demasiado denso y cada sombra parecía hincharse, viva, al anochecer. Sophia llegó en bus, embutida en su chaqueta negra, los ojos o...
Durante los primeros años de mi vejez, abrumado ya por esa somnolencia improductiva que suele arrastrar al cuerpo cansado después de una vida de inquietudes, di con memorias que, hasta ahora, creía sepultadas bajo la hojarasca de falsas certidumb...
Nunca olvidaré la noche en que mi vida quedó para siempre marcada por el hedor salino y la inenarrable monstruosidad acechando bajo la superficie del mar. Antes de los eventos que narraré, mi nombre apenas tenía peso fuera de los registros del C...
Deja que el lector sea advertido: este manuscrito, garabateado con manos temblorosas y sellado en un sobre mugriento hallado entre los escombros de una buhardilla olvidada en Arkham, es testimonio de horrores tan reales como repulsivos. Lo relato no...
Una tempestad ahogaba Arkham, y la lluvia flagelaba los abordes de la Universidad de Miskatonic mientras el cielo, cubierto de nubes negras, sólo enviaba destellos esporádicos de un relámpago verdoso, cuya luz pesaba en el aire como una maldició...
Con frecuencia, los hombres que viajan hasta Innsmouth lo hacen por error. Es un error de juicio tan súbito, tan imperceptible, tan terriblemente insidioso que la bruma salina es incapaz de delatarlo siquiera con una caricia más fría que las demÃ...
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En la gris y asfixiante ciudad de Arkham, la niebla solía brotar desde el Miskatonic como vapor de pesadilla, bañando en confusión y ceniza los altos edificios de piedra y los callejones infestados de secretos. Durante años, fui tan sólo u...
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No fue hasta la quinta noche en la que descubrimos la naturaleza exacta de la amenaza. Habíamos llegado a ese pueblo apartado, cubierto por el pertinaz rocío de la costa y las brisas salinas, con la falsa promesa de estudios arqueológicos. A...
Te contaré el secreto, aunque lo haré a fuerza de voluntad hostigada por años de insomnio y de miradas tras la cortina, vigilando el contorno nocturno de las cosas que aún respiran. Esta confesión tiene un propósito: aliviar mi alma y disuadir...
Aún recuerdo el crujir de las tablas bajo mis botas mientras descendía por la escalera caracol, los pasos amortiguados por el polvo secular que cubría el aire —y el alma— de la mansión Aymar. Era temprano, antes del alba, cuando el chillido ...
El viento húmedo traía el hedor del mar muerto más allá del malecón, olores convocados por la marea baja y las extrañas trampas para cangrejos varadas en la arena, cubiertas de algas y de conchas incrustadas. Philip Randall regresaba a Innsmou...
Era la noche más fría que había sentido jamás en el cobertizo de los Marsh, y eso ya era decir mucho para alguien que había sobrevivido los interminables inviernos de Nueva Inglaterra. El olor a algas podridas llegaba desde las grietas del suel...
Cuando el remolino de niebla bajó del Atlántico sobre Arkham, a finales de octubre de 1931, muchos en la ciudad pensaron que era solo otra extravagancia del otoño. Pero yo, Silas Hexter, ya sentía el temblor frío que recorren las raíces del mi...
La noche había caído sobre la aldea costera de Llynport como un sudario húmedo, con la humedad impregnando los muros de piedra y maderas podridas que resistían el asedio incesante del mar. Las olas chocaban contra los viejos pilotes con un ritmo...
Apenas hay memoria entre los habitantes de la pequeña aldea de Kranzfeld de cuándo fue construida la antigua iglesia en el promontorio. Forma y materia parecen preceder al pueblo mismo: los cimientos roídos y serpenteantes, como prolongaciones de...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
El invierno de 1927 se apoderó de Arkham con una rudeza inusitada, despojando de vida a las dolientes ramas y cerrando los párpados de la ciudad en una bruma precoz, interminable. Ni siquiera los adoquines conocieron alivio, cubiertos de musgo mohà Leer más...
El viento que vino del nordeste traía consigo un hedor que ni la mar, en los días de mayor rompimiento, había sido capaz de engendrar. Iba impregnando las viejas tablas de la casona de los Marsh, deslizándose con taimada insistencia por rendijas Leer más...
El relato empieza bajo el cielo plomizo de un otoño tardío en Spokane, cuando Arthur Singer recibió la carta lacrada con cera amarilla opaca—aquel tono entre el oro podrido y el mosto de vino barato, similar al sueño febril de un brujo moribund Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...