El departamento de Ariel García se hallaba en medio de la ciudad, con la luz de los autos moteando las paredes como pequeños suspiros eléctricos. Afuera, la noche era profunda, un abismo entre los edificios de ladrillo, la humedad golpeando a los...
Solo el poniente se enciende de rojo, subrayando la gran cordillera que emerge al borde del horizonte y alzándola, oscura, sobre la explanada pedregosa. Allí, bajo un crepúsculo que parece preñado de otros milerios, se arrastran los sonidos. Got...
Era el invierno de 1927, y las gentes de la ciudad —gentes que aparentaban robustez pero cuya miope obstinación les cegaba de antiguos susurros— comenzaban a inquietarse por unas grietas que habían surgido, negras y retorcidas, a lo largo de v...
Sobre las ruinas de lo que una vez fue la Tierra, la humanidad ya no existe en sentido estricto. Solo quedan lo que ellos llaman los Ascendidos, remanentes de carne transfigurados por eras de tecnología y simbiosis incomprensible, en un mundo asfix...
La lámpara chisporroteaba bajo el azulado fulgor de un anochecer aguardando tormenta cuando me decidí, animado por tenebrosas lecturas y relatos susurrados entre las tablas del pueblo costero, a aventurarme por el paseo marítimo de Kingsport, ese...
Era una noche de esas en las que las ventanas tiemblan con el bramido del viento, y la niebla envolvía cada piedra de la ciudad de York como una mortaja. El otoño victoriano se extendía sobre el asfalto húmedo, y los faroles de gas titilaban, la...
El relato:
En la penumbra constante de mi cuarto, sólo alterada por la luz parpadeante del monitor, yo solía reírme de las fantasías cibernéticas de mis colegas. Entretanto, mi trabajo –proteger redes, rastrear intrusiones, construir cortafu...
Debo advertir —y aún en la penumbra de esta buhardilla mis dedos tiemblan cuando apenas esbozo el registro de los hechos— que no soy un hombre propenso a supersticiones primitivas, ni a las habladurías que confortan a los incautos en las noche...
Era una noche sin luna cuando regresé a Kingsport, una de esas noches en las que el viento marino sopla sigiloso y los viejos pescadores se apresuran a echar doble pestillo a sus puertas desvencijadas. Habían pasado veinte años desde la última v...
Al principio, el miedo solo habitaba en los registros. Eran párrafos cortos en la Bitácora Autónoma Central, historias codificadas y archivadas para la posteridad, referidas como anomalías cósmicas o incidentes lúdicos. Nadie, y menos yo, pens...
Cuando Jonathan Felder se halló caminando por los muelles arruinados de Gull Haven, la marea estaba alta y las coronas de sargazo brillaban con un fulgor malsano bajo la luna llena. Nadie en la posada se atrevía a mirar el mar después de medianoc...
I
El sol moría, aprisionando la campiña inglesa en una palidez enfermiza y malva cuando descendí del carruaje frente a la Casa Graves. Aquella noche de noviembre caía densa, y la neblina costera se agazapaba en torno a las cancelas de hierro, e...
La alarma del teléfono sonó a las 02:49 a.m., cortando el denso silencio como un bisturí hundido en carne dormida. Marta ni siquiera recordaba haber configurado la alarma. Ofuscada de sueño, intentó detenerla y resbaló el aparato con el pulgar...
Eran los últimos días de la estación de las lluvias cuando llegué a Amaranga, un rincón olvidado de la jungla ecuatorial donde la humedad cubría las hojas antiguas y el sol apenas lograba abrirse paso entre la maraña de ramas. Había leído, ...
En el sopor polvoriento del crepúsculo, entre las piedras gastadas por las erosiones cíclicas del tiempo en las fronteras del desierto sirio, el doctor Jared Morton contempló por última vez las ruinas que pronto se tragaría la noche. Aquellas c...
El silencio sobre el Hudson
Nueva York. Otoño. 1927. El Hudson se extendía, sucio y resbaladizo como una lengua podrida, bajo las brumas que titilaban bajo la herrumbre de los viejos puentes de Manhattan hacia la noche. El silbido lejano de un ba...
Con la luna menguante entre nubes agitadas por un viento inclemente, el joven Lionel Paddock empapó el ala de su sombrero bajo el fango del camino rural. Ráfagas de lluvia diagonal le azotaban el rostro y convertían el sendero hacia Kettlewell en...
Recuerdo las noches antiguas, los largos amaneceres de rieles, acero y vacío en los que el hombre aún podía fingirse dueño de su mente. Ya no. Lo que aprendí en la Estación Ulmar V todavía roe mis sueños en este oscuro habitáculo, donde la ...
El atardecer se derramaba desplomado y ceniciento sobre las ruinas de lo que una vez fue serena gloria, cuando mi alma, en busca de orígenes y horrores, llegó al lugar donde no respiran los que una vez fueron celebrados por estar vivos. A muchos, ...
El horror, cuando acude a nuestro mundo en formas demasiado sutiles para ser rechazadas por la mente racional, actúa como una niebla: insidiosa, espesa, y poseedora de una memoria antigua, previa a la humanidad misma. No hay mayor advertencia para ...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Henry Blackwell jamás fue hombre de supersticiones ni de credulidad fácil. Su posición en la Sociedad Histórica de Arkham requería una mente ordenada y analítica, pero, en el amargo otoño de 1927, una serie de acontecimientos que comenzaron en Leer más...
Hay algo inexpresable, carcomiendo los cimientos del racionalismo mismo, en los supuestos límites que el hombre se ha impuesto a la memoria de su propia especie. Hay, en la vasta noche de los tiempos, civilizaciones cuya existencia se insinúa en sà Leer más...
Me marché de Boston en enero porque la casa de mi hermana pasó del susurro al grito. Tres noches enteras, el mismo sonido de fondo, como si alguien caminara lento sobre nieve recién caída, pero en la segunda planta donde ninguna pisada era posibl Leer más...
Cuando las nieblas caían pesadamente sobre las calles de New Brighton, los faroles de gas parecían encenderse no tanto para alumbrar, sino para celebrar la penumbra. Sus lejanas luminiscencias solo lograban trazar una frontera de tenues resplandore Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...