Mi querido viejo amigo,
Permíteme la torpeza de mi caligrafía; los dedos tiemblan al apretar la pluma, sea por el frío o por el presagio de lo que narro. He recurrido a escribirte porque eres el único hombre cuya sensatez he respetado siempre, ...
Las campanas resonaban en la bruma matinal de Arkham y la ciudad, abrigo de supersticiones, yacía sumida en una penumbra perpetua. En la Universidad de Miskatonic, cada sonido dentro del edificio de la biblioteca retumbaba más fuerte de lo que deb...
Vivía yo, por entonces, en Providence, aunque cada fibra de mi ser anhelaba la imposibilidad de todo recuerdo asociado a ese tiempo. La vieja casona de Benefit Street, mucho antes luz de orgullo victoriano que cáscara de resonancias funestas, fue ...
El mar extendía su inmenso manto helado bajo la luna nueva, un abismo negro y carente de compasión sobre el cual el viejo bergantín de cabotaje “Providence” luchaba con las olas como un condenado lanza puñetazos a la inevitabilidad de la tum...
No sé si algún día alcanzaré a comprender la osadía, o acaso la locura, que me llevó a aquel cubil de humedad y musgo, durante la primavera muerta de 1923. A veces llego a sospechar que fui guiado por una voluntad más vasta y sutil que la hum...
El cosmos es un manuscrito ilegible, cubierto de garabatos incandescentes, una selva de términos esotéricos y ecuaciones arcanas esbozadas por inteligencias más allá de la concepción humana. Este hecho lo aprendí, con horror, durante mi estanc...
***
Desde los desvaídos muelles donde pendían las redes, en el ocaso de Dylath-Leen, el horizonte parecía difuminarse en un vacío espeso, idéntico al que envolvía mi ánimo mientras cargaba aquel fardo atado con tantos cuidados. El cuelgue de...
Querida Antonia:
Te escribo con la determinación angustiada de quien busca auxilio y, sin embargo, duda de encontrarlo. Quisiera no inquietarte, pero todo esto es demasiado. Como recordarás, la herencia del tío Aurelio cayó sobre mi vida con la...
El polvo nunca descansa sobre el piano. Solía pensarlo Doña Anunciata cuando, en las sordas madrugadas de la casa familiar, escuchaba deslizarse la melodía de los dedos invisibles sobre las teclas curtidas de lo que, para todos los efectos, era u...
Querido Avery,
Me temo que esta carta, la primera que te escribo desde la mesa baja del ático de mis padres, será, a su modo, una confesión. Acepté custodiar la casa durante el verano, creyendo encontrar poco más que soledad y polvo, tal vez u...
El frío es una criatura paciente. Ronda las fronteras del mundo civilizado, avanza despacio, invade huesos, pensamientos, sueños. Siempre supe que el frío podría devorarme, pero nunca imaginé hasta qué punto.
Me llamó Conrad la mañana en qu...
El principio del fin fue el trabajo de campo. Siempre lo es: una invitación informal a observar algo, a tomar unas muestras, a ayudar a un viejo colega necesitado. Solo semanas atrás mi vida había sido la de cualquier académico de mediana edad a...
Sumergido en un delirio de insomnio y bruma salina, el capitán Osvaldo Trujillo escribió por última vez en el diario de a bordo aquel 21 de mayo, atracado al norte del archipiélago frío. Su caligrafía apretada apenas se leía bajo la mancha de...
Tenía el hábito insano de mirar por la cerradura antes de abrir la puerta. No confiaba ni en mi reflejo —y menos aún en el pálido resplandor que por las noches filtraba el quicio. El apartamento lo heredé de mi tía, una mujer que, dicen, des...
El reloj en la pared marcaba las dos y media de la madrugada, y la lluvia, apenas un susurro sigiloso, martillaba los paneles de la ventana que daba a la Colonia Rungholt. Desde mi escritorio, era fácil imaginar que aquel hielo líquido descomponí...
En el anochecer de un septiembre tardío, cuando el viento aullaba tras los cristales de mi despacho decadente, recibí una carta sellada con cera carmesí al modo arcaico, dirigida en una caligrafía nerviosa cuyo trazo parecía temblar bajo una ur...
Mi queridísimo Edward,
Espero que estas líneas, pese al temblor inequívoco de mi caligrafía y la brusca inclinación de mi pluma, sean tan nítidas como la voz agorera que susurra ahora en mis sienes. He demorado cuanto he podido en confiar a a...
El polvo de los años se depositaba en el umbral de la casa de la familia Pemberton como una letanía silenciosa, insidiosa y constante. Los días en Arkham amanecían fríos y embotados ese enero de 1928, como si el propio tiempo se negara a avanza...
El invierno que asoló la villa de Dunworth llegó tarde ese año, portando una niebla tan espesa y permanente que los días parecían perpetuamente sumidos en el crepúsculo. Ya en noviembre los aldeanos sentían su carácter insidioso, el modo en ...
I
Todavía me asalta el hedor a algas podridas y nitrato, perfumando la brisa gélida con recuerdos de una degradación ajena al tiempo humano. Mi relato será, como debes comprender, una excusa lastimosa ofrecida al tribunal de la cordura; sólo e...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...
Había muchas razones para odiar la Universidad de Yharnis, pero aquella tarde –la última tarde reconocible de mi vida– supe que todas mis previas aversiones eran simple paja quemada comparadas con el terror que esperaba encubierto bajo su campu Leer más...
No recuerdo cuándo comenzó la compulsión. La mayoría de las historias que merecen contarse suceden porque en algún punto alguien tuvo la amabilidad –o la imprudencia– de mirar dos veces una sombra incitante... y continuar tras ella. No hay m Leer más...
Las gaviotas chillaban como viudas desoladas mientras la bruma de la madrugada abrazaba la cubierta del **Jelena**, un viejo barco de arrastre con más costuras que madera. Olaf, el patrón, tenía el mismo aspecto ennegrecido y encallado que su nave Leer más...
Cuando Sophine Petrescu llegó a Templewood, la pequeña comunidad costera estaba sumida en una humedad tostada y vieja, la misma que escurría de los helechos raquíticos y las tejas resquebrajadas por la sal. Desde niño, Sophine había tenido la h Leer más...
Debo comenzar mi relato con una advertencia, aunque sé que pocos hombres osarían continuar leyendo después de siquiera vislumbrar las verdaderas dimensiones de mi experiencia. Quien prosiga tendrá los cabellos encanecidos por una noche de terrore Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...