***
Desde los desvaídos muelles donde pendían las redes, en el ocaso de Dylath-Leen, el horizonte parecía difuminarse en un vacío espeso, idéntico al que envolvía mi ánimo mientras cargaba aquel fardo atado con tantos cuidados. El cuelgue de...
Querida Antonia:
Te escribo con la determinación angustiada de quien busca auxilio y, sin embargo, duda de encontrarlo. Quisiera no inquietarte, pero todo esto es demasiado. Como recordarás, la herencia del tío Aurelio cayó sobre mi vida con la...
El polvo nunca descansa sobre el piano. Solía pensarlo Doña Anunciata cuando, en las sordas madrugadas de la casa familiar, escuchaba deslizarse la melodía de los dedos invisibles sobre las teclas curtidas de lo que, para todos los efectos, era u...
Querido Avery,
Me temo que esta carta, la primera que te escribo desde la mesa baja del ático de mis padres, será, a su modo, una confesión. Acepté custodiar la casa durante el verano, creyendo encontrar poco más que soledad y polvo, tal vez u...
El frío es una criatura paciente. Ronda las fronteras del mundo civilizado, avanza despacio, invade huesos, pensamientos, sueños. Siempre supe que el frío podría devorarme, pero nunca imaginé hasta qué punto.
Me llamó Conrad la mañana en qu...
El principio del fin fue el trabajo de campo. Siempre lo es: una invitación informal a observar algo, a tomar unas muestras, a ayudar a un viejo colega necesitado. Solo semanas atrás mi vida había sido la de cualquier académico de mediana edad a...
Sumergido en un delirio de insomnio y bruma salina, el capitán Osvaldo Trujillo escribió por última vez en el diario de a bordo aquel 21 de mayo, atracado al norte del archipiélago frío. Su caligrafía apretada apenas se leía bajo la mancha de...
Tenía el hábito insano de mirar por la cerradura antes de abrir la puerta. No confiaba ni en mi reflejo —y menos aún en el pálido resplandor que por las noches filtraba el quicio. El apartamento lo heredé de mi tía, una mujer que, dicen, des...
El reloj en la pared marcaba las dos y media de la madrugada, y la lluvia, apenas un susurro sigiloso, martillaba los paneles de la ventana que daba a la Colonia Rungholt. Desde mi escritorio, era fácil imaginar que aquel hielo líquido descomponí...
En el anochecer de un septiembre tardío, cuando el viento aullaba tras los cristales de mi despacho decadente, recibí una carta sellada con cera carmesí al modo arcaico, dirigida en una caligrafía nerviosa cuyo trazo parecía temblar bajo una ur...
Mi queridísimo Edward,
Espero que estas líneas, pese al temblor inequívoco de mi caligrafía y la brusca inclinación de mi pluma, sean tan nítidas como la voz agorera que susurra ahora en mis sienes. He demorado cuanto he podido en confiar a a...
El polvo de los años se depositaba en el umbral de la casa de la familia Pemberton como una letanía silenciosa, insidiosa y constante. Los días en Arkham amanecían fríos y embotados ese enero de 1928, como si el propio tiempo se negara a avanza...
El invierno que asoló la villa de Dunworth llegó tarde ese año, portando una niebla tan espesa y permanente que los días parecían perpetuamente sumidos en el crepúsculo. Ya en noviembre los aldeanos sentían su carácter insidioso, el modo en ...
I
Todavía me asalta el hedor a algas podridas y nitrato, perfumando la brisa gélida con recuerdos de una degradación ajena al tiempo humano. Mi relato será, como debes comprender, una excusa lastimosa ofrecida al tribunal de la cordura; sólo e...
Jamás creí, ni por un instante, que los fragmentos que heredé de mi difunto tío Eblis me llevarían al umbral del pavor absoluto, allí donde la cordura es sólo una niebla fugaz y el raciocinio, un eco ahogado en aguas infinitas. La última mis...
El ocaso tejía cintas bermejas y enfermizas sobre el mar, y el golpetear repetitivo de las olas contra los durmientes del puerto era el único canto que resonaba en el pueblo de Alhama, un rincón enclavado en un estuario olvidado de Nueva Inglater...
Las horas muertas entre las dos y las cuatro de la mañana son las que más inquietudes me traen. Soy un hombre metódico, porfiadamente ajeno al misticismo, aunque cada vez me cuesta defender esa descripción de mí mismo. Escribo estas líneas con...
La tempestad había rugido todo el día, desgarrando el lomo del Atlántico con furia y locura, encendiendo ásperos relámpagos que hacían brillar, por fracciones de segundo, el gotoso y antiguo faro de Lloch Mor. Digo antiguo porque es, aunque na...
I
Había algo en la luz que caía sobre los humedales aquel otoño que hacía que la carne se estremeciese, como si un ojo monstruoso estuviera posado hacia la tierra sólo para divertir su curva inhumana. A mis cincuenta y dos años, jamás me ha...
Al principio todo fue números y frío. Eso, quizás, es todo lo que jamás pueda deciros la memoria de mi mente—me ha costado meses forzar estos recuerdos al lenguaje común. Ni siquiera estoy seguro, a esta distancia, de que la densa niebla que ...
Recordaré siempre con una mezcla de repugnancia y luz atroz aquella visita, una suave tarde de mayo que me condujo hasta la decrepitud de Ingersmouth, ese villorrio dispuesto cabizbajo en las encrucijadas del desvelo y la bruma costera. No acudí po Leer más...
La noche del 23 de junio se presentó con ese calor neoyorquino que parece adecuado únicamente para los delirios. El Dr. Holden Morrow, catedrático de Bioinformática, dirigía al último técnico por el pasillo mientras los ventiladores vibraban Leer más...
No había mapa para ese tramo de la isla, aunque Ellicott llevaba uno, con las esquinas resecas y el papel manchado de humedad antigua. Ni siquiera era un mapa correcto, más un recuerdo garabateado por un cartógrafo que se había atrevido a inscri Leer más...
A nadie, que no esté ya formado en la paciencia y la aceptación del pánico convertido en una forma de vida, le sería posible soportar la espera en la goleta ‘Estrella de Gadeir’. Ni el mismo capitán Brenet, por más que presumiera de su lina Leer más...
La bruma había llegado un martes. Un fenómeno atmosférico, dijeron los meteorólogos, aunque no conseguían precisar el origen. No la precedió ningún anuncio, ni tampoco la siguió un cambio del tiempo: simplemente descendió en medio de la tard Leer más...
No sé si mis palabras caerán en algún oído simpatizante o, como temo, quedarán impresas únicamente para el regocijo burlón de aquellos que desprecian los dictados de la razón y el terror. Ruego, aunque en vano, que ningún hombre ni mujer lea Leer más...
4 de mayo de 1923, Ulthar, Provincia de Miskatonic.
Mi querido profesor Armitage,
Me permito la osadía de escribirle no solo por la admiración que profeso a sus investigaciones, sino por la incesante e ineludible urgencia que me atenaza desd Leer más...