No recuerdo cuándo comenzó la compulsión. La mayoría de las historias que merecen contarse suceden porque en algún punto alguien tuvo la amabilidad –o la imprudencia– de mirar dos veces una sombra incitante... y continuar tras ella. No hay m...
No había mapa para ese tramo de la isla, aunque Ellicott llevaba uno, con las esquinas resecas y el papel manchado de humedad antigua. Ni siquiera era un mapa correcto, más un recuerdo garabateado por un cartógrafo que se había atrevido a inscri...
No sé si algún día alcanzaré a comprender la osadía, o acaso la locura, que me llevó a aquel cubil de humedad y musgo, durante la primavera muerta de 1923. A veces llego a sospechar que fui guiado por una voluntad más vasta y sutil que la hum...
Tenía el hábito insano de mirar por la cerradura antes de abrir la puerta. No confiaba ni en mi reflejo —y menos aún en el pálido resplandor que por las noches filtraba el quicio. El apartamento lo heredé de mi tía, una mujer que, dicen, des...
Jamás creí, ni por un instante, que los fragmentos que heredé de mi difunto tío Eblis me llevarían al umbral del pavor absoluto, allí donde la cordura es sólo una niebla fugaz y el raciocinio, un eco ahogado en aguas infinitas. La última mis...
I Había algo en la luz que caía sobre los humedales aquel otoño que hacía que la carne se estremeciese, como si un ojo monstruoso estuviera posado hacia la tierra sólo para divertir su curva inhumana. A mis cincuenta y dos años, jamás me ha...
Al principio, me resultaba difícil explicar el modo como comenzó todo, pero ahora, desde la cama empapada en soledad de este hospital, puedo soportar las mil punzadas de recuerdos afilados que me asedian. La noche envuelve mis pensamientos y, con ...
Aun hoy, mientras araño febrilmente el papel en esta habitación cuyo reloj parece irreal, me pregunto si alguna vez existió el universo tal como me fue dado conocerlo. ¿O acaso el mundo es sólo un velo, tejido para protegernos de los vastos y p...
Providence, Rhode Island. 16 de septiembre de 1927. Estimado Dr. Harold Winslow: Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...
Había muchas razones para odiar la Universidad de Yharnis, pero aquella tarde –la última tarde reconocible de mi vida– supe que todas mis previas aversiones eran simple paja quemada comparadas con el terror que esperaba encubierto bajo su campu Leer más...
Las gaviotas chillaban como viudas desoladas mientras la bruma de la madrugada abrazaba la cubierta del **Jelena**, un viejo barco de arrastre con más costuras que madera. Olaf, el patrón, tenía el mismo aspecto ennegrecido y encallado que su nave Leer más...
Cuando Sophine Petrescu llegó a Templewood, la pequeña comunidad costera estaba sumida en una humedad tostada y vieja, la misma que escurría de los helechos raquíticos y las tejas resquebrajadas por la sal. Desde niño, Sophine había tenido la h Leer más...
Debo comenzar mi relato con una advertencia, aunque sé que pocos hombres osarían continuar leyendo después de siquiera vislumbrar las verdaderas dimensiones de mi experiencia. Quien prosiga tendrá los cabellos encanecidos por una noche de terrore Leer más...
Providence, Rhode Island. 16 de septiembre de 1927. Estimado Dr. Harold Winslow: Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...
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