Cuando Sophine Petrescu llegó a Templewood, la pequeña comunidad costera estaba sumida en una humedad tostada y vieja, la misma que escurría de los helechos raquíticos y las tejas resquebrajadas por la sal. Desde niño, Sophine había tenido la h...
La bruma había llegado un martes. Un fenómeno atmosférico, dijeron los meteorólogos, aunque no conseguían precisar el origen. No la precedió ningún anuncio, ni tampoco la siguió un cambio del tiempo: simplemente descendió en medio de la tard...
Vivía yo, por entonces, en Providence, aunque cada fibra de mi ser anhelaba la imposibilidad de todo recuerdo asociado a ese tiempo. La vieja casona de Benefit Street, mucho antes luz de orgullo victoriano que cáscara de resonancias funestas, fue ...
El principio del fin fue el trabajo de campo. Siempre lo es: una invitación informal a observar algo, a tomar unas muestras, a ayudar a un viejo colega necesitado. Solo semanas atrás mi vida había sido la de cualquier académico de mediana edad a...
El invierno que asoló la villa de Dunworth llegó tarde ese año, portando una niebla tan espesa y permanente que los días parecían perpetuamente sumidos en el crepúsculo. Ya en noviembre los aldeanos sentían su carácter insidioso, el modo en ...
Las horas muertas entre las dos y las cuatro de la mañana son las que más inquietudes me traen. Soy un hombre metódico, porfiadamente ajeno al misticismo, aunque cada vez me cuesta defender esa descripción de mí mismo. Escribo estas líneas con...
Aún soy un hijo de la prosa y la medianoche, y aunque el tiempo es un abismo, traigo a la página este particular y reciente naufragio de la mente: el descenso de Arthur Fenway, antiguo colega y temido amigo, a los abismos internos donde la realida...
Nada hay más caduco ni más incierto que la frontera entre el sueño y la vigilia, y ningún mortal podría jactarse de atravesarla ileso sin que la sustancia misma de su espíritu se viera erosionada. Tal fue el funesto destino de Algernon Prout, ...
Providence, Rhode Island. 16 de septiembre de 1927. Estimado Dr. Harold Winslow: Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...
Había muchas razones para odiar la Universidad de Yharnis, pero aquella tarde –la última tarde reconocible de mi vida– supe que todas mis previas aversiones eran simple paja quemada comparadas con el terror que esperaba encubierto bajo su campu Leer más...
No recuerdo cuándo comenzó la compulsión. La mayoría de las historias que merecen contarse suceden porque en algún punto alguien tuvo la amabilidad –o la imprudencia– de mirar dos veces una sombra incitante... y continuar tras ella. No hay m Leer más...
Las gaviotas chillaban como viudas desoladas mientras la bruma de la madrugada abrazaba la cubierta del **Jelena**, un viejo barco de arrastre con más costuras que madera. Olaf, el patrón, tenía el mismo aspecto ennegrecido y encallado que su nave Leer más...
Debo comenzar mi relato con una advertencia, aunque sé que pocos hombres osarían continuar leyendo después de siquiera vislumbrar las verdaderas dimensiones de mi experiencia. Quien prosiga tendrá los cabellos encanecidos por una noche de terrore Leer más...
Providence, Rhode Island. 16 de septiembre de 1927. Estimado Dr. Harold Winslow: Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...
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